Los coches también tienen cara

Cuando vemos un vehículo, le tratamos de poner caras, pero ¿es algo que nos influya en la decisión de compra? ¿las casas de automóviles buscan que humanicemos los coches?


Según es estudio "Face to Face: THe Perception of Automotive Designs", realizado por S. Windhager, de la Universidad de Viena (Austria) y D. Slice, de la Universidad del Estado de Florida (EEUU), al mirar el frontal de un coche vemos una cara, y además la extrapolamos para poder sacar información de los rasgos humanos que le vemos. Es decir, sin darnos cuenta, usamos una visión antropomórfica de los coches, y les vemos con sexo, edad, emociones e incluso intenciones; inspirándonos ternura, agresividad, madurez, etc. Para realizar el estudio, se tomó una rejilla base y sobre ella se dibujaron las líneas maestras de un automóvil: faros, parabrisas, rejilla, ruedas… La cuadrícula se distorsionaba de varias maneras y las múltiples imágenes resultantes se enseñaron a una muestra de 40 personas (20 hombres y 20 mujeres), de entre 19 y 33 años. Poder vs. amabilidad Un tercio de las personas asoció a un 90% de los coches una cara humana o animal. Todos los sujetos señalaron los ojos (faros delanteros), una boca (la parrilla) y la nariz en más del 50% de los coches. La mayoría de los entrevistados estuvo de acuerdo en que los coches poseían ciertos rasgos; los autores llamaron rasgos de poder a aquellos que desprendían madurez, dominio, masculinidad, arrogancia, enfado... Frente a ellos, estaban los rasgos llamados de “sociabilidad”: eran caras de las que se podían decir que son felices, agradables, infantiles, sumisas... Sin embargo, el estudio no especifica si se relaciona el carácter del coche con la personalidad del conductor. Quién eres en función del coche que tengas Queda en el tintero una duda importante para los fabricantes: ¿influye este carácter en la decisión de compra de un coche? Ángel Zurdo, profesor de Sociología especializado en Cultura de Masas de la Universidad Complutense de Madrid, explica que “el vínculo entre el consumidor y el automóvil se articula en torno al significado social que proyecta el vehículo más que con el diseño, aunque sean aspectos que estén profundamente conectados entre sí”. El sociólogo considera que la personalidad del coche no existe como tal; es atribuida socialmente y toma como base ciertos elementos físicos del diseño; en este punto, es clave la elaboración y proyección de un discurso social –especialmente a través de los mensajes publicitarios–. El valor simbólico del automóvil y su relación con nuestra identidad social –en función de nuestro estatus socioeconómico, género, edad…– es mucho más potente a la hora de tomar la decisión de compra que el diseño. Los diseños de los automóviles pueden cambiar –de hecho, lo hacen de manera continuada-, pero, a lo largo del tiempo, hacen referencia a unos mismos valores; es decir,  proyectan un mismo significado a través de formatos que son diferentes. Según el profesor Ángel Zurdo, aprendemos a otorgar un significado al diseño del vehículo. Es decir, identificamos los rasgos asociados a la deportividad, la elegancia, y lo interiorizamos de tal manera que estos rasgos pasan a ser considerados como totalmente naturales. Su personalidad, pues, nos vendría impuesta. Si tienen este rasgo, tienen este carácter Coches Inocentes: Sus faros son circulares y están cerca de la parrilla y del eje central; sus formas son redondeadas, y no están demasiado definidas. Uno podría casi imaginarse la fotografía de un bebé con los ojitos muy abiertos. Además, suelen ser estrechos y altos. Coches Maduros: El diseño de los coches va cobrando su madurez a medida que su capó se hace más ancho, y sus faros pierden por completo la forma redondeada. La altura hasta el suelo disminuye un poco, y la parrilla se ha hecho aún más ancha. Coches Juveniles:   A medida que el coche ensancha y sus faros pierden su forma redondeada y se alejan del centro, podríamos decir que sus rasgos se van endureciendo, que se va ‘haciendo mayor’. El capó es más ancho y el parabrisas más estrecho. Además, la parrilla se hace algo más prominente. Coches Agresivos:  La parrilla y el capó son mucho más anchos. Los faros, que son más estrechos -como si tuviera los ojos entrecerrados- se sitúan muy lejos del eje central, justo en los extremos. La distancia hasta el suelo se acorta -cuando más bajo es el vehículo, más sensación de poder transmite-. Fuente: Feu Vert